LA PERVERSION DE LA DEMOCRACIA

marzo 7, 2009

Cuando en el mundo se habla de la situación de Colombia, se atienden las vociferaciones de unas minorías ruidosas que se abrogan, sin ninguna representatividad, la vocería de los colombianos.

No explican que ellos no representan ni siquiera al 20% de los electores nacionales, pero hablan de limitaciones a la democracia porque no logran imponer sus criterios por sobre las decisiones de las mayorías; en Colombia, el 74% de los ciudadanos apoyamos hoy la gestión del Presidente Álvaro Uribe Vélez, especialmente en la aplicación y resultados de la Política de Defensa y Seguridad Democrática.

Los mismos grupos de oposición política que se presentan ante el mundo con diferentes nombres para dar sensación de cantidad, han sido los que en estos 6 años se han encargado de tergiversar la realidad nacional, amplificando las falencias e invisibilizando los logros alcanzados.  Si usted mira quienes componen el llamado movimiento Ciudadanos por la Paz, encontrará los mismos nombres de quienes conforman otras organizaciones como la de Víctimas del Estado, ONG’s de Derechos Humanos, partidos de oposición y otros movimientos sindicales o civiles, no encuentra nuevos nombres, son las mismas personas firmando a nombre de distintas organizaciones.

El muro de Berlín cayó en los 90, pero los vicios del comunismo perduran, hacer ruido para imponerse sobre los demás, amenazar, injuriar y calumniar han sido sus mejores armas políticas, y hoy movimientos como el Foro de Sao Paulo que dió origen a la Coordinadora Continental Bolivariana, utilizan esos métodos para que el mundo crea que en Latinoamérica el neocomunismo avanza o que los colombianos vivimos en un estado de terror, opresión y exclusión

Los neocomunistas invocan las protección de sus derechos y señalan amenazas del Estado para el ejercicio de los mismos; pero no le cuentan al mundo que son las Farc y Eln los que minan los caminos que a diario recorren campesinos e indígenas, que muchas de esas minas son colocadas en las áreas de las escuelas rurales, no cuentan que tienen más de 2.800 secuestrados por los que piden rescates económicos, no cuentan que utilizan cilindros bomba (pipetas de gas propano) contra las poblaciones apartadas y que la mayoría de las víctimas son civiles, no cuentan que atacan recursos hídricos y energéticos, ni que extorsionan al campesino o asesinan indígenas cuando se niegan a sembrar coca, y lo más grave, no cuentan que su principal sustento es el narcotráfico que destruye a miles de jóvenes y niños en el mundo.

Esa es la democracia pervertida que el neocomunismo quiere imponer y que los ciudadanos de Colombia rechazamos, por eso la oposición política es apenas de menos del 20% de los colombianos.

LAS FARC: TRAFICANTES DE CADAVERES

abril 14, 2009

El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, acusó a las FARC de ser \”traficantes de cadáveres\” luego de que se conoció que ese grupo cobró a una familia por el cuerpo de su familiar muerto en cautiverio.
El Mandatario le recordó al país los numerosos actos terroristas que esa guerrilla ha cometido en los últimos días -entre ellos el atentado al acueducto de Villavicencio, que dejó a 300 mil personas sin agua- y señaló que es importante denunciarlos.
“El 17 de febrero asesinaron a 8 indígenas en Nariño. El 9 de marzo, en Vista Hermosa (Meta), asesinaron a 5 soldados. El 9 de marzo volaron el acueducto de Villavicencio, dejaron heridos 3 policías y dejaron sin agua a 300 mil ciudadanos. En Tibú hemos cambiado coca por palma africana y oigan lo que hicieron estas alhajas: incineraron 6 camiones de los que están trabajando allí para ayudarle a la comunidad campesina”, recordó el Jefe de Estado.
“Es que no puede ser que dejen a los campesinos sin transporte, a Villavicencio sin agua, que maten los soldados y que después, para engañar al país, digan que quieren acuerdos humanitarios y diálogos de paz. No, eso es con seriedad”, enfatizó el Mandatario.
Esa es la guerrilla a la que invita Piedad Córdoba a los jóvenes estudiantes; en la apertura del segundo congreso de la Federación de Estudiantes Universitarios, en la Universidad Nacional, la senadora reprochó al Gobierno porque se ha centrado únicamente en la guerra y ha dejado a un lado la pobreza y el desplazamiento y, por lo tanto, la desigualdad es el pan de cada día. De esta forma, invitó a todos los alumnos del país a la subversión y a la revolución. \”Yo los invito a la subversión, yo los invito a la rebeldía, a decir que no estamos de acuerdo con el régimen actual\”, dijo emocionada, en medio de los aplausos.

Por contraposición, la Red Nacional de Iniciativas Ciudadanas por la Paz y contra la Guerra – REDEPAZ-, señala que la masacre cometida contra 17 miembros de la comunidad indígena Awá, cometida por las FARC, es una clara demostración de la degradación del conflicto armado interno y de las prácticas delictivas de lesa humanidad que dicha agrupación viene cometiendo contra diferentes sectores de la sociedad colombiana .
Todo discurso que pretenda reivindicar el accionar político de las FARC, queda absolutamente desvirtuado frente a los crímenes cometidos contra niños y adultos indígenas indefensos que se han caracterizado, además, por mantener una histórica resistencia cultural, territorial y política .
Las masacres, los asesinatos, las torturas, los secuestros, las desapariciones, los desplazamientos, los tratos crueles y demás infracciones al Derecho Internacional Humanitario y violaciones a los Derechos Humanos, deben cesar inmediatamente por parte de las narcoguerrillas y todos los actores armados al margen de la ley.
Esa es la voz de todos los colombianos, que rechazan las prácticas criminales de las narcoguerrillas, pero que es minimizada por la organización de Piedad Córdoba, Ciudadanos y Ciudadanas por la Paz, y reducida solamente a propuestas de intercambios de ciudadanos y ciudadanas secuestradas, obviando la entrega de los cadáveres de los colombianos asesinados en cautiverio, los cuales son ahora tema de negociación propuesto por las FARC.

Se pretende generar una teoría del secuestro de cadáveres por parte del Estado para justificar la macabra tesis de la narcoguerrilla, especialmente en torno a la entrega de los restos del Mayor Julián Guevara.

Es en ese sentido que la senadora Piedad Córdoba publica en su página web que las FARC han señalado en atención a su solicitud, los restos del mayor Guevara serán entregados a su madre en fecha y lugar que indicaremos más adelante cuando la situación de orden público lo permita, a la vez que elevamos la solicitud a Colombianas y Colombianos por la Paz a exigir del gobierno nacional la entrega de los cadáveres de los comandantes Raúl Reyes e Iván Ríos a sus familiares.
La señora Córdoba eleva a la categoría de negociación legítima el intercambio de cadáveres con las narcoguerrillas, como también ha impulsado la libertad de los secuestrados a cambio de los terroristas condenados por la justicia colombiana, vulnerando de esa manera los principios constitucionales de la existencia del Estado colombiano, fundado en el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo .

Para la senadora Piedad Córdoba y para el llamado movimiento de Ciudadanos y Ciudadanas por la Paz, la ley penal se convierte en un mero instrumento de negociación, si el Estado, en ejercicio de las potestades que la misma Constitución consagra, da de baja a unos bandidos, ello se convierte de facto en motivo para que los ilegales asesinen a los ciudadanos y propongan el intercambio de los cadáveres para fundamentar la paz.

Si el Estado captura, judicializa y condena a los terroristas, previo cumplimiento de las garantías consagradas en el art. 29 de la Constitución , la senadora Piedad Córdoba propone negociar el cumplimiento de la norma constitucional con los delincuentes, de tal manera que si se captura un terrorista es válido canjearlo por un ciudadano que es secuestrado, aún si es asesinado en cautiverio, lo que obviamente debe leerse entre líneas en las epístolas que intercambian las FARC y la senadora.
Ante la exigencia de las mayorías nacionales, la senadora Piedad Córdoba simplemente se limita a señalar que ya se han pronunciado en torno al secuestro , pero sin aclarar las dudas que todo colombiano y colombiana tiene en torno a su propuesta, incluida la devolución de los restos mortales de los asesinados en cautiverio.

Es evidente, que tanto la senadora Piedad Córdoba, el partido comunista representado por Iván Cepeda, como las FARC, tienen la intención de convertir el tráfico de cadáveres como bandera política, de ahí a la justificación de cualquier crimen de lesa humanidad no hay sino un paso, mientras se cree una conciencia de que el Estado también es responsable de los mismos crímenes.

MINGA AWA CONTRA LAS FARC

abril 6, 2009
El 4 de febrero de 2009, narcoterroristas de las FARC retuvieron aproximadamente a 17 personas (hombres y mujeres, algunas de ellas embarazadas), las cuales fueron llevadas amarradas y luego asesinadas en la quebrada denominada El Hojal de la comunidad el Bravo. Luego de los hechos algunas familias indígenas Awá se encuentran confinadas, y otras 400 personas se desplazaron al Predio El Verde.

Las comunidades indígenas se reunieron el día lunes 23 de marzo del 2009, en el Predio El Verde, Resguardo Gran Sábalo, corregimiento el Diviso, Municipio de Barbacoas, en el Departamento de Nariño; más de 700 indígenas y Autoridades del Orden Nacional, miembros de ONGs de DDHH, la Defensoría Delegada para Minorías Étnicas, decidieron iniciar una caminata hacia el Resguardo Tortugaña Telembi, a la que han llamado “Minga Humanitaria por la Vida y la Dignidad del Pueblo indígena Awá ” La caminata se está efectuando hacia el interior de la selva con el fin de recuperar los cuerpos de los indígenas asesinados por las Farc.

Hasta el momento se han encontrado dos fosas comunes, la primera con los cadáveres de tres indígenas asesinados, al parecer en un hecho diferente, y otra con cuatro cadáveres de los asesinados en febrero de 2009 por los narcoterroristas.

Entre los caminantes, están los esposos de Omaira García y Patricia Guanga, cada una con siete meses de gestación, las buscan con el apoyo de la guardia indígena en albergues y sitios cercanos a Barbacoas, Samaniego y Ricaurte. Su pista se perdió el pasado 4 de febrero cuando un reducto de las Farc llegó al resguardo para asesinar a varios aborígenes tras señalarlos como informantes del Ejército.  No obstante, la labor ha sido limitada en la zona de la masacre por la siembra de un gran número de minas por parte de los insurgentes en el resguardo. Omaira es madre de dos niños de 4 y 6 años, mientras a Patricia la esperan una niña de 2 años y un niño de 3.

De manera lacónica la prensa mundial recoge la movilización indígena que busca recuperar los cuerpos de los indígenas Awá asesinados por las Farc. Centenares de indígenas Awá de Colombia se internaron en la zona montañosa de Nariño para recuperar los cuerpos de 17 miembros de su comunidad, asesinados por la FARC hace un mes y medio. Esta misión humanitaria se conoce en Colombia como “minga”. Las autoridades locales denunciaron la masacre. El grupo guerrillero reconoció la autoría y aclaró que esas personas murieron por ser colaboradores del Ejército. En vista de que el gobierno colombiano no pudo enviar personal judicial a la zona para retirar los cadáveres, la etnia Awá convocó esta marcha. Hasta el próximo domingo los integrantes de la minga se dedicarán a las tareas de búsqueda y recuperación de los cuerpos de los indígenas asesinados en la comunidad El Bravo[1].

Fuera de los tibios reclamos de las ONGs que se dicen defensoras de los derechos humanos, no hay una condena real de las organizaciones políticas y sociales contra las Farc por este crimen de lesa humanidad, por el contrario se observa cierta complicidad cuando se traslada la culpa al Estado, al señalar que el asesinato de los indígenas obedece a la presencia del Ejército Nacional en la zona, obviando que el Estado tiene la potestad de hacer presencia en todo su territorio, como sucede en cualquier país del mundo.

Así lo deja ver el comunicado de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, al señalar que desde el pasado 1 de febrero de 2009, el ejército nacional hace presencia en el Resguardo de Tortugaña Telembi Municipio de Barbacoas, departamento de Nariño, incrementando los factores de riesgo para las comunidades del pueblo Awá[2], lo que indudablemente tergiversa la realidad de lo sucedido, en tanto se hace responsable del crimen al Ejército por mantener su presencia en la zona.

Tampoco se ha oído la condena mundial de los llamados movimientos bolivarianos, ni de los gobiernos que se identifican con ese ideario neocomunista, ni las expresiones de solidaridad que los movimientos sindicales y cívicos afines al mismo son tan dados a expresar cuando es el Estado el acusado de algún delito contra los DD.HH. y el D.I.H.

Pese a que en su caminar la Minga ha encontrado  artefactos explosivos listos para activar; que  en esta minga de desalojo, también se han descubierto explosivos en casas de comuneros indígenas en el resguardo de Cauca, cuyo resultado ha sido encontrar seis artefactos explosivos listos para activar y ocho más en proceso de fabricación. Los ‘tatucos’ (morteros hechizos) estaban en caletas enterradas en las viviendas, mientras que las cocinas funcionaban alejadas de las casas[3], lo que indica la presencia de un grupo armado ilegal, se guarda un perverso silencio con respecto a los autores del crimen y se envuelve el hecho en el pretendido discurso humanitario de los últimos comunicados de los narcoterroristas.

La masacre de los indígenas Awá, a manos de la columna móvil ‘Mariscal Sucre’ de las Farc hace parte de la estrategia que las Farc, Plan Renacer, que se puso en marcha en Putumayo, Nariño, Cauca, Valle, Tolima y Huila; la orden de alias Alfonso Cano a los terroristas es que la “plataforma para la toma del poder” que había intentado hacerse en el centro y oriente del país, a través de “la toma militar de Bogotá, con los resultados ya conocidos (que fracasó por la operación Libertad Uno)”, debía trasladarse al occidente, y los esbirros de esta organización criminal la vienen cumpliendo con actos terroristas como el asesinato de indígenas, la quema de vehículos, el minado de zonas rurales y hostigamiento a la población civil.

Para las Farc, la zona limítrofe con el Ecuador es estratégica, allí brindan refugio y recuperación a las cuadrillas que huyen de la persecución oficial y tienen puerta franca para asentarse en el territorio del país vecino, con la complacencia de algunos miembros del gobierno de Correa, como ha quedado evidenciado en los mismos procesos penales que se adelantan en esa Nación, a partir de los descubrimientos obtenidos en la Operación Fénix.

Debe recordarse que en el Plan Renacer las Farc contemplan todas estas acciones. En la orden, ‘Cano’ menciona, como prioridad, “infiltrar y controlar” los corredores que atraviesan Nariño, Cauca y Valle; las salidas hacia el cañón de Las Hermosas por Cauca y Tolima; y el corredor que lleva al Huila.  Todas las zonas tienen la fortaleza de las represas (Anchicayá y Salvajina) y las comunidades indígenas, que tienen que trabajarlas para que estén de nuestra parte…”, señala uno de los apartes de dicho Plan. De tal manera que los indígenas o son reclutados o son asesinados, contraviniendo todo el D.I.H. que las Farc se niegan a aceptar “porque nunca firme esa vaina”, como señalara el extinto Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo.

Existe evidencia suficiente de que alias ‘Cano’ le indica a sus hombres (‘Sargento Pascuas’, ‘Pacho Chino’, ‘El Grillo’, ‘Caliche’, ‘Rambo’, ‘Aldemar’ y ‘Edgar Tovar’), que el refuerzo en las filas tiene que salir de las comunidades indígenas, ya que están asentadas en los lugares donde están los “campamentos farianos” y los cultivos de coca. Precisamente, sobre los cultivos ilícitos, ‘Cano’ les recuerda la directriz de octubre del 2006, en la que el Secretariado pide defender la producción de narcóticos: “Tenemos que defender a toda costa el mercado de coca, conquistado en el imperio norteamericano, para destruir la juventud burguesa consumidora y eliminar el enemigo natural de nuestra Revolución Bolivariana[4].

De tal manera que si alguien alberga dudas sobre la verdadera naturaleza de las guerrillas colombianas, estos hechos deben contribuir al esclarecimiento de la verdad. Las Farc se han convertido en el más temible cártel de la droga y el discurso neocomunista, o bolivariano, no es más que una fachada para reclutar incautos.

Como bien se reseña, No hay porque acceder a los pretendidos “acuerdos humanitarios” porque eso son falsos; es burla con el sufrimiento y el dolor de las víctimas y sus familias. En el caso de los indígenas Awá asesinados brutalmente por las FARC, es como decir que las victimas son culpables de su propia muerte y ellos sus victimas[5]. Las Farc solamente quieren ser reconocidas como grupo beligerante para enseguida poder disputar cargos políticos legítimamente y desde allí destruir la democracia en Colombia y el resto del continente[6].


[1] NOTICIAS. Una “minga” contra las Farc. En: http://www.noticias.nl/notibrevelist.php

[2] ONIC. Comunicado público y alerta temprana sobre los Awá y la Minga Humanitaria. Marzo 25 de 2009. En: http://colombia.indymedia.org/news/2009/03/100086.php

[3]

[4] OBSERVATORIO BRASILEÑO. En: http://observatoriobrasileno.blogspot.com/2009/02/concentrar-ataques-en-el-occidente-del.html  Igualmente en: http://www.eltiempo.com/colombia/justicia/concentrar-ataques-en-el-occidente-del-pais-orden-de-alfonso-cano-tras-muerte-de-tirofijo_4822325-1

[5] Teoría desarrollada por la Fiscalía General de la Nación para otorgar beneficios jurídicos a los criminales. Si la víctima se resiste a la comisión del delito, es responsable de su propia muerte.

[6] OBSERVATORIO BRASILEÑO. Ob.cit.

PROFESION, VÍCTIMA DEL ESTADO

marzo 30, 2009

PROFESION, VÍCTIMA

En la revista Cambio No. 776 (15 al 21 de mayo de 2008), aparece una nota periodística con el título de este comentario. Ya se advertía no sólo del aprovechamiento económico que muchas personas buscarían declarándose víctimas de los grupos armados ilegales o del Estado, sino de cómo se estaba configurando una verdadera legión de abogados inescrupulosos que explotarían la Ley de Justicia y Paz.
Se grafica la noticia con ejemplos de este tenor: A mediados de 2007, un abogado llegó a la oficina de atención a víctimas de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía en Bogotá y dijo representar a una mujer desplazada por las Farc de Rioblanco, Tolima, en 2001. El jurista relató en un extenso documento las amenazas de muerte que recibió su cliente y reclamó verdad, justicia y reparación. Los investigadores de la Fiscalía contactaron a la víctima y descubrieron que su versión no coincidía con la del abogado. Según ella, los paramilitares y no las Farc habían forzado su desplazamiento.
Inquietos por la contradicciones, los fiscales indagaron en los registros oficiales de la época y encontraron que en Tolima, en 2001, tanto paramilitares como guerrilleros habían obligado a muchos campesinos a abandonar sus parcelas, pero en ninguno de los listados de Acción Social aparecía el nombre de la mujer que reclamaba sus derechos por medio del abogado.
En esa época, estaban inscritas en Justicia y Paz 127.000 víctimas. Cada oficina recibía en promedio hasta 400 llamadas y visitas diarias de quienes esperan reparación. Entonces, se habían detectado unos 1.000 casos de falsas víctimas e incluso la existencia de redes de abogados en las que cada profesional llegaba a representar hasta 500 reclamaciones diferentes, cobrando honorarios a cada cliente de entre 10 a 100.000 pesos, sin tener poder de representación alguno otorgado por las presuntas víctimas.
A ese paso, indudablemente la magnitud de las falsas reclamaciones puede superar de lejos lo sucedido con Foncolpuertos, si a ello se suma la laxitud en la investigación de los casos o la venalidad de las autoridades encargadas de ello.
Entre los casos insólitos está el de una mujer que se presentó para pedir acceso a Justicia y Paz con el argumento de que había sido desplazada por el Eln. “Al revisar su denuncia se le preguntó sobre cuál frente y dijo que una fracción de las Farc y lo más curioso es que volvió a la semana siguiente -cuenta Luis González, director de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía-. Se presentó como víctima de las Farc y cuando le dijeron que por el momento le estaban dando prioridad a los casos de desplazados por paramilitares, desistió de la solicitud y regresó la semana siguiente y se presentó como víctima de las Auc” .
¿Quiénes son considerados víctimas en Colombia? Las personas que hayan sufrido daños directos
• El cónyuge
• El compañero o compañera permanente
• El familiar en primer grado de consanguinidad
• Primero civil
• Adicionalmente otros familiares que hubieren sufrido un daño como consecuencia de cualquier otra conducta violatoria de la ley penal cometida por miembros de grupos armados al margen de la ley.
La condición de víctima se adquiere con independencia de que se identifique, aprehenda, procese o condene al autor de la conducta punible y sin consideración a la relación familiar existente entre el autor y la víctima.

El daño deberá ser consecuencia de delitos realizados por grupos armados organizados al margen de la ley.

Los daños sufridos podrán ser:
• Lesiones transitorias o permanentes que ocasionen algún tipo de discapacidad física, psíquica y/o sensorial (visual y/o auditiva)
• Sufrimiento emocional
• Pérdida financiera
• Menoscabo de sus derechos fundamentales
Allí radica la primera debilidad de la norma que alienta las falsas reclamaciones, en tanto no se exige la identificación del autor o autores del presunto daño y al ligar esto con la simple manifestación de menoscabo a los derechos fundamentales, cualquier persona en el país puede reclamar presentando unos documentos que abogados inescrupulosos se encargan de producir.
Ya de por sí el daño económico al país es de consecuencias graves, pero más allá de ello está el daño que a la imagen de Colombia esta avalancha de víctimas causa y que es hábilmente explotado por ONGs y movimientos políticos que hacen causa común con organizaciones narcoterroristas para combatir la democracia.
Entre ellos se destaca el llamado Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, MOVICE, que dice luchar contra la impunidad, la búsqueda de la verdad histórica y la condena a los responsables materiales e intelectuales de los miles de crímenes de Estado en Colombia, y que coordina 200 organizaciones que son: organizaciones de familiares de victimas directas, pero también expresiones organizadas del campesinado, indígenas, comunidades afro-descendientes, sindicalistas, movimientos políticos de oposición, todos con el común denominador de la violencia de Estado.
El MOVICE señala como crímenes de Estado aquellos que puedan ser imputados a miembros individuales de las Fuerzas Militares o de Policía, a otros organismos de seguridad, a los cometidos individualmente por alguna autoridad administrativa, pero insiste fundamentalmente en señalar como tales los cometidos por las llamadas organizaciones paramilitares, señalando que: La idea de que en Colombia han existido una especie de demonios: el narcotráfico y la guerrilla, y que como resultado natural de esas dos fuentes de criminalidad han aparecido los grupos paramilitares que serían una respuesta lógica, natural, de ciertos sectores contra esa forma de violencia, donde al final aparecería el Estado como victima, como un Estado que no ha tenido la capacidad suficiente, ni la estructura nacional necesaria para combatir estas formas delincuenciales, es mentira.
El MOVICE pretende mostrar una unidad de acción entre las autoridades del Estado colombiano y los grupos armados ilegales de autodefensas, pero allí también concurren incluso las víctimas del narcoterrorismo en tanto se traslada la posición de garantía del Estado como una forma de omisión o de incapacidad que permite el accionar de esos grupos ilegales, de ahí que por ejemplo ahora se quiera vincular una posible reelección del Presidente Uribe como producto de mantener la guerra al narcoterrorismo como elemento político a favor del mandatario.
Es evidente entonces que el MOVICE es uno de los principales impulsores de demandas y acciones contra el Estado, las cuales se reproducen a través de todas y cada una de las organizaciones que coordina, así lo señala Iván Cepeda al decir: hemos generado procesos de participación alternativa de las victimas en los estrados judiciales internacionales, en el sistema constitucional, en el proceso de la para-política hemos buscado que las victimas sean partes civiles en los procesos de los políticos involucrados con paramilitares. Tampoco hemos descuidado la defensa de las victimas en el proceso de justicia y paz, hay organizaciones de abogados en el MOVICE que defienden a personas que son victimas de los paramilitares y que están llevando sus casos ante este sistema de justicia y paz.
Es evidente que esta utilización política de la ley de Justicia y Paz, que igualmente ha sido demandada por el MOVICE, deslegitima cualquier posibilidad de esclarecer la verdad y dar a las verdaderas víctimas la reparación merecida, prevaleciendo los intereses de quienes se convierten en víctimas profesionales con intereses políticos.
Y la naturaleza política de los objetivos del MOVICE se evidencian en las mismas declaraciones de Iván Cepeda, que coinciden ideológicamente con los postulados de los llamados Movimientos Bolivarianos y que tienen como objetivo principal el ataque a las FF.MM., especialmente al Ejército Nacional. En efecto, el señor Cepeda manifiesta: El MOVICE desde su estrategia jurídica también busca que la verdad histórica producida ante los estrados judiciales refleje el fenómeno de la violencia estatal, mostrando que el Estado colombiano ha cometido varios genocidios, que el Estado en el desarrollo de su fuerza y de su lucha contra-insurgente y de la represión contra los movimientos sociales ha desarrollado practicas genocidas, intentado acabar con grupos humanos sean de oposición política, sean de oposición social. De ahí que parte de nuestra lucha jurídica consiste en que se tipifiquen los crímenes de acuerdo a la tipificación internacional de esos crímenes de lesa humanidad. Además se busca que sean juzgado los máximos responsables, en cuanto que los paramilitares hacen parte de una estructura criminal mucho más compleja en donde hacen parte sectores políticos, ganaderos, terratenientes, multinacionales que se han lucrado de los servicios criminales de esto grupos para poder hacer que sus intereses económicos y políticos se habrán pasos .(Subrayado nuestro).
Palabras más, palabras menos, son los argumentos que esgrime alias Alfonso Cano para querer sustentar la existencia de las Farc-ONT: “En nuestro país, desde las épocas del Libertador Simón Bolívar, sus enemigos, los usurpadores del poder, y sus actuales herederos, se impusieron y sostienen con la violencia, el crimen político, la corrupción, la mentira creando en Colombia una cultura política pugnaz, químicamente ensangrentada, desafiante, de guerra sucia permanente, rapaz, intolerante, donde los magnicidios y las masacres siempre están al orden del día (…)Llegado el caso, sería pertinente hablar con franqueza y rigor, sobre la concepción y práctica del terrorismo del Estado en Colombia (…) Es muy cierto que acá existe un narco Estado y que la estrategia de seguridad nacional o seguridad democrática como llama ahora, se ha sostenido durante los últimos 30 años sobre la simbiosis de los dineros del narcotráfico con el poder político e importantes sectores del empresariado (…)Desde su irrupción en el país en la década de los 70, el narcotráfico ha sido consustancial al funcionamiento de todos los gobiernos, la policía, los militares y a buena parte del poder judicial y del congreso (…) . (Subrayado nuestro).
El Estado colombiano ha sido temeroso e inconsistente en la denuncia de esta simbiosis de algunas ONGs y las bandas narcoterroristas; las pocas veces que se ha denunciado el hecho, se recula ante la avalancha de críticas de quienes de manera ingenua o perversa soportan el discurso nacional o internacional de organizaciones como el MOVICE; ese temor nace de una irracional idea, en los sectores políticos y económicos, de que denunciarlos es apoyar a las autodefensas ilegales, con lo que el narcoterrorismo logra un importante objetivo: Acobardar a la sociedad civil para morigerar o eliminar cualquier crítica a la acción de sus aparatos políticos.
Es necesario entonces afinar y fortalecer los organismos encargados de la aplicación de la Ley de Justicia y Paz para evitar que la avalancha de falsas reclamaciones, la existencia de las redes de abogados corruptos y los intereses políticos, sigan siendo aprovechados para dañar la imagen del gobierno y las Fuerzas Militares.

COLOMBIA… NO ES COMO LA PINTA EL POLO, LOS SINDICATOS O PIEDAD….

marzo 21, 2009

EL TERRORISMO COMO DELITO Y NO COMO SITUACION DE CONFLICTO
Mucho se ha criticado al gobierno de Álvaro Uribe Vélez por no aceptar la existencia de un conflicto interno armado en Colombia, como si de ello dependiera el curso de las acciones que grupos armados ilegales ejercen contra el pueblo colombiano, o ello cambiare la existencia de reducidos abusos individuales de miembros de la fuerza pública contra los sectores más vulnerables de la población.
Luigi Ferrajoli, profesor de Filosofía del Derecho y Teoría General del Derecho de la Università degli Studi Roma Tre, señala acertadamente la necesidad de definir el significado real de términos con guerra (o conflicto externo o interno) y terrorismo, para que desde el punto de vista jurídico, y militar anotamos, se estudie la respuesta bélica o jurídica más acertada a los actos cometidos, no por ejércitos internacionales, sino por agrupaciones armadas que dicen representar algún tipo de interés político o religioso, cultural o étnico, dentro de los límites de una nación, llamando urgentemente a la necesidad de un control sobre el lenguaje de los ciudadanos, como presupuesto de cualquier discurso sensato y, sobre todo, de cualquier respuesta racional, incluso antes que legítima, al terrorismo.
Señala el profesor Ferrajoli una pregunta válida: ¿Es el terrorismo una agresión bélica o un fenómeno de carácter político? Indicando que si se remite a la definición clásica del publicorum armorum contentio, que se predica entre ejércitos estatales reconocibles como públicos, los actos terroristas de grupos armados ilegales dentro de un país, no tienen ninguna de las connotaciones de una guerra; así que deben considerarse como actos violatorios de la legislación penal del país donde ocurran.
Acertadamente señala el profesor Ferrajoli, que el terrorismo consiste en una acción violenta puesta en acción por organizaciones ramificadas y ocultas, que operan clandestinamente y que desde el inicio se han escondido, como lo hacen siempre los criminales.
La teoría expresada por Ferrajoli ha tenido una gran aceptación en Europa especialmente, dada la frecuencia de los hechos terroristas que grupos fundamentalistas árabes desarrollan en ese continente. A decir de Danilo Zolo, La propuesta ferrajoliana es un proyecto interesante y cuyo objetivo es lograr “una verdadera y particular visión del mundo”.
Sin lugar a dudas, la propuesta de Ferrajoli (que aún sigue en proceso de elaboración definitiva y cuya presentación acabada lo constituirá su obra tan anunciada y esperada Principia iuris. Teoria del diritto e della democrazia), dice Zolo, es una visión singular y provocadora. Es singular pues pareciera ser, que desde el momento en que someta la democracia al derecho, ha invertido los términos de la relación derecho-política y su resultado es el sometimiento de lo político a lo jurídico. Es provocadora puesto que la reformulación de lo democrático deja muchos sinsabores a los defensores de la democracia .
Al respecto, debemos aclarar que la teoría del derecho a que se refiere Zolo, es a la impuesta por el marxismo-leninismo, recogida por el actual Socialismo del siglo XXI en Latinoamérica, que considera el ordenamiento social y jurídico como dependiente de las relaciones económicas que se den al interior de la sociedad donde se ejercen en el modelo económico imperante; teoría hoy recogida incluso por los académicos occidentales, para explicar fundamentalmente las relaciones comerciales, e incluso civiles y militares, que se desarrollan dentro de la sociedad en cuyo interior se desarrolla la legislación.
Es indudable, que desde el punto de vista militar, político o social, una de las preocupaciones esenciales de las sociedades contemporáneas es la lucha por la democracia y los derechos fundamentales. No obstante, pareciera ser que ambas, más que como buenos amigos, se presentan como rivales de competencia, donde la primacía de uno tendrá que implicar necesariamente el sometimiento del otro. Numerosos —y muy variados— trabajos se han escrito respecto a esta problemática, dentro de las cuales destacan los escritos de Luigi Ferrajoli, sobre la relación democracia y derechos fundamentales.
Así las cosas, la existencia de una Constitución Política que define el estado de democracia y de derechos fundamentales en Colombia, más avanzada incluso que muchas Constituciones de otras naciones y sujeta a menos reformas que otras más recientes, se toma como campo de laboratorio de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales en el mundo entero; incluso Colombia recibe críticas de gobiernos que no tienen entre sus considerandos el respeto a la democracia y los derechos fundamentales, como puede apreciarse en las continuas declaraciones de gobiernos extranjeros.
El autor citado, señala que existen dos clases de poderes, dos clasificaciones básicas de cuya intercesión resultan, al final, cuatro variantes. Son relaciones básicas las siguientes: 1) poderes salvajes ilegales (contra el derecho) y los poderes salvajes extralegales (fuera del derecho); 2) poderes de la sociedad (privados) y poderes del estado (públicos) .
Para definirlos cita: Un ejemplo de la primera clasificación —poderes privados ilegales— lo es el poder de las organizaciones de narcotráfico en el caso de México y Colombia.
Para un modelo de la segunda —poderes públicos ilegales— podemos acudir para su representación a la organización policial y secreta rusa del año de 1881 llamada OJRANA . Por lo que se refiere a la tercera —poderes privados de tipo extralegal— un modelo aplicable es el de la situación de los trabajadores inmigrantes mexicanos en Estados Unidos que, debido a la falta de garantías especificas de protección, el abuso en nombre del “libre mercado”, permite la explotación en las esferas privadas y fuera del derecho
Finalmente, para ejemplificar la cuarta clasificación —poderes públicos extralegales— tenemos que acudir a dos ejemplos. Esto se debe a que Ferrajoli distingue los poderes públicos extralegales internos y los poderes públicos extralegales externos. Los poderes públicos extralegales internos se pueden ejemplificar con el caso de los nombramientos de los jueces naturales . Por otra parte, los de carácter externo, se realizan en las situaciones del derecho internacional.
¿Por qué entonces es importante la definición, analítica, de lo que es entender la guerra, o el conflicto interno armado, y por el contrario lo que es terrorismo?
Porque, a la luz del derecho son profundamente diversas, incluso opuestas, las respuestas que nuestra misma civilización occidental ha propuesto, y especialmente en Latinoamérica: Situación de conflicto implica una agresión o una amenaza externa, que si tiene apoyo interior se tipifica un delito nacional, como traición a la patria, y no la definición laxa de nuestro Código Penal, al impedir la tipificación de los delitos de terrorismo efectuados desde suelo ajeno. A partir de esas consideraciones, es que incluso, ex presidentes, como Ernesto Samper Pizano o Andrés Pastrana Arango, han cuestionado públicamente los resultados de la Operación Fénix y han pretendido justificar la reacción del gobierno ecuatoriano.
La Comisión de Angostura, o Comisión de Transparencia que Ecuador, a la que Rafael Correa ofreció que todo debe investigar el bombardeo colombiano a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, el 1 de marzo de 2008 , y que evidentemente resultan vinculaciones de funcionarios del gobierno de Rafael Correa, narcotraficantes y narcosubversivos, como en Bogotá resultó la vinculación del principal partido de oposición y las operaciones de grupos económicos de difícil reputación.
Si las excepciones opuestas la realidad de una amenza de terrorismo en Colombia, no tienen cabida en los EE.UU., o se proliferan los casos en que la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, se rehúsa a considerar los casos de Farcpolítica o los evidente nexos de vínculos de Senadores, Representantes, Diputados, Concelajes y hasta miembros de las Juntas Administradoras Locales y hasta las Acciones Comunales, que conocen y han evaluado procesalmente desde hace años
De esa manera podría decirte… ¡¡Condéname!!
Pero escucha mi llamado: ¡¡Conoce primero lo que sucede en Colombia!!

SOBRE EL ESTADO DE LOS DD.HH EN COLOMBIA

marzo 18, 2009

En cuanto hace al papel de las Fuerzas Militares en el desarrollo de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, evidentemente la Alta Comisionada de la ONU se limita a recoger informaciones no probadas, para señalar una presunta política de Estado contra los DD.HH y el D.I.H.
Desconoce la Comisionada la decisión del gobierno y de las propias FF.MM. de trasladar a la justicia ordinaria los eventos que pueden involucrar a militares en delitos contra los DD.HH, especialmente las conductas relacionadas con homicidio o lesiones personales a personas protegidas, así como la aplicación de las facultades discrecionales para retirar a quienes por omisión permitieron en algunas unidades militares la comisión de esas conductas.
Ya se convierte en un lugar común el señalar una supuesta ineficacia en la investigación y sanción de esas conductas presuntamente cometidas por miembros de las FF.MM., desconociendo que quienes son indiciados por estos hechos tienen igualmente el derecho al debido proceso, a la defensa y a la presunción de inocencia que para todos los colombianos consagra el art. 29 de la Constitución Política.
Como lo señala la Presidencia de la República, el Estado colombiano ha querido presentarse al examen de la comunidad internacional en materia de derechos humanos, en concordancia con su política de cooperación y apertura hacia esa comunidad internacional; 24 oficinas de Naciones Unidas y el CICR hacen presencia en Colombia; desde el año 2002, se han recibido 15 visitas de mecanismos relacionados con derechos humanos; la sociedad civil, el Estado y 39 embajadas acreditadas en Colombia han establecido un sistema de seguimiento a la situación colombiana mediante una agenda concertada; los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales extranjeros tienen acceso total a nuestro país sin ninguna restricción .
De tal manera, que si algo caracteriza el proceso de cero tolerancia frente a la violación de derechos humanos por parte de las FF.MM. ha sido precisamente la transparencia y apertura al examen público de sus acciones. Tanto así, que han sido las FF.MM las encargadas de denunciar y castigar las acciones u omisiones de sus miembros que permitieron la comisión de conductas punibles. Desconoce el informe la profunda reforma a la Justicia Penal Militar, trasladando precisamente al conocimiento de la justicia ordinaria los delitos cometidos por personal militar contra los derechos humanos.
Esto ha permitido que en el caso específico de las denuncias contra miembros de la fuerza pública por supuestos homicidios fuera de combate o en personas protegidas; la justicia colombiana ha desarrollado una formidable acción de respuesta a estas denuncias: hasta el momento se desarrollan 716 investigaciones a las cuales hay 1.000 miembros de la fuerza pública vinculados; 46 de ellos han sido condenados y 232 se encuentran acusados o en juicio. Los jueces penales militares están dando un ejemplo de aplicación de los instrumentos internacionales de derechos humanos, de la jurisprudencia de la Corte Constitucional y de transparencia, hasta el momento han trasladado 285 casos a la justicia ordinaria; mientras en el 2005 se trasladaron 31 casos, en el 2008 han trasladado 148 casos.
No es objetivo el informe cuando se limita a señalar que la Oficina también conoce sobre denuncias de ataques indiscriminados presuntamente perpetrados por miembros del Ejército, entrega de juguetes y material de propaganda militar a niños y niñas de comunidades rurales, ocupación de bienes civiles y tolerancia frente a acciones de grupos armados ilegales, bien sea por corrupción o por intimidación; esta generalización no se le hace ningún favor a la verdad o a la justicia, pues denuncias como éstas deben ser puntuales y soportadas en pruebas reales, no en comentarios o decires de personas interesadas en hacerle daño a la imagen institucional.
Peca pues por falta de objetividad el informe de la Alta Comisionada e indica que no es fruto de un trabajo investigativo real, sino la recolección de informaciones interesadas en hacer aparecer otra imagen a la real conseguida mediante la aplicación de la Política de Defensa y Seguridad Democrática.
La existencia de tan bajo número de militares incursos en presuntas conductas punibles que afectan los derechos humanos de los colombianos, es el mejor indicador del respeto a esa normatividad por parte del personal adscrito a las FF.MM., y de la inexistencia de la pretendida política institucional de desapego al derecho internacional humanitario.
Como también es superficial el análisis de la aplicación de la Ley de Justicia y Paz, pues desconoce que la Ley ha afrontado controles por parte de la Corte Constitucional en 13 ocasiones y ha despertado gran esperanza entre las víctimas; hasta el momento 168.000 personas se han presentado demandando sus derechos, 1.700 cuerpos se han exhumado de fosas comunes y se han entregado a sus familiares o están en proceso de identificación; cerca de 18.000 crímenes están en proceso de esclarecimiento; las versiones de los sometidos a la Ley han permitido crear 2.908 casos en la justicia ordinaria, dentro de ellos están relacionados 172 políticos, 112 miembros de las Fuerzas Armadas y otros 35 servidores públicos .
Nunca antes en la historia nacional se había hecho un esfuerzo tan grande por superar la impunidad frente a este tipo de delitos, hace escasos 17 años se concedió amnistía e indulto por parte del Estado a miembros de organizaciones armadas ilegales que jamás han mostrado deseos de una justicia restaurativa para quienes fueron sus víctimas, en tanto los Oficiales y Suboficiales del Ejército que los combatieron, son ahora investigados por hechos acaecidos entonces, incluso violentando sus derechos fundamentales al hacer retroactivas normas penales que no existían entonces, entre ellas la imprescribilidad de los llamados delitos de lesa humanidad, cosa que no se aplica a quienes estuvieron por fuera de la ley.

COLOMBIA: ESTADO COMUNITARIO Y SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

marzo 7, 2009

Para entender el apoyo al Presidente Álvaro Uribe Vélez, debe primero explicarse la concepción de Estado con la que se identifica el gobierno. Un Estado donde prevalece el orden y la ley como lo reseña nuestro escudo nacional, donde el individuo es importante y se respeta su autonomía dentro de los parámetros del derecho y la justicia tal como lo indica la Constitución Política.

 

Creo en un Estado comunitario como el que ha propuesto el Presidente Uribe. El comunitarismo como lo sugiere Amitai Etzioni, uno de sus mas connotados y comprometidos autores, en su libro La Nueva regla de Oro “…pasa por encima de la vieja discusión entre pensamientos de izquierda o de derecha y sugiere una tercera filosofía social. La razón básica que hace indispensable este reordenamiento es que el mapa izquierda-derecha se centra en el papel del gobierno en contraposición con el sector privado y en la autoridad del Estado en contraposición con el individuo”. El eje de reflexión para el comunitarismo, más allá del dualismo Izquierda-Derecha, es la relación entre la persona y la comunidad, las necesarias autonomías y libertades para la persona en un proyecto democrático y el necesario orden para que la comunidad logre formas de justicia integral[1].

 

El comunitarismo no esta en contra del conservadurismo, del liberalismo y del socialismo. Se presenta si como una propuesta diferente a cada una de esas escuelas, por la vía de retomar de forma crítica y propositiva los conceptos fundamentales que son característicos en cada una de ellas[2].

 

Así, el comunitarismo reconoce principios tan importantes a la tradición conservadora como el orden y la autoridad. Afirma con claridad que el orden ha de ser entendido desde una perspectiva dinámica, no quietista, y ha de ser objeto de construcción social y no como un acto revelado por una persona o grupo parcial de una comunidad. Para el comunitarismo el binomio autoridad – obediencia es necesario en cualquier comunidad, pero exige no confundirlo con el binomio poder – servilismo[3].

 

Sin embargo, del liberalismo, el comunitarismo rescata la valoración que aquel hace por los principios de autonomía y libertad. El comunitarismo afirma la necesidad de que cada sujeto social que legítimamente invoque estos principios, los ejerzan en el horizonte de la responsabilidad social. Ni libertinaje ni autonomía irresponsable caben dentro de una perspectiva comunitarista, la cual reconoce la autonomía y la libertad de la persona y de los diversos estamentos de la sociedad civil como principios intrínsecos a un proyecto democrático. Con el socialismo el comunitarismo comparte su interés por la justicia social pero lo hace reivindicando la digna diversidad y no dentro de lógicas que colinden o apuesten por modelos colectivistas de vocación igualitarista. La digna distribución de riqueza económica, poder político, poder cultural son propias de una visión comunitarista[4].

 

Cuando uno conoce el plan de gobierno propuesto por el doctor Álvaro Uribe Vélez y lo compara con lo transcurrido en estos cinco años y medio, debe entender la magnificencia de esa propuesta del Estado comunitario.

El presidente Álvaro Uribe Vélez propuso en el 2002 la política de Seguridad Democrática, distinta a la doctrina de seguridad nacional de los años 70, como base fundamental para alcanzar las metas del Estado Comunitario.

Como bien señala Gina Parody, según esta propuesta, mejorando los índices de seguridad, lograríamos altos niveles de confianza que cambiarían las tendencias económicas del país. Con más seguridad en la Nación, generaríamos más empleo, más educación, más afiliados a la seguridad social, más inversión extranjera, más exportaciones y, por consiguiente, mayor crecimiento económico[5].

La meta la logramos. Colombia, que venía acostumbrada a bonanzas específicas como la cafetera, la petrolera y, hasta ilegales, como la “marimbera”, hoy cuenta con la bonanza de la confianza, gracias a grandes transformaciones: la tasa de homicidios no solo cambió su tendencia, sino que se salvaron 10.726 vidas y se redujeron los secuestros en un 72%, cifra nunca antes lograda[6].

La consecuencia directa de lo anterior es que el crecimiento de la economía llegó al 5%; que el comercio creció en un 19.8%; que la inversión extranjera directa llegara a 10.192 millones de dólares en 2005, lo que significó un incremento del 227% frente a lo registrado en 2004, y cifra que a su vez equivale al 8.3% de PIB. Además que el desempleo se redujera en casi la mitad, que las exportaciones pasaran de 11.975 millones en 2002 a 21.187 millones en 2005. Sin embargo, nos falta y mucho. Y por eso la importancia de la continuidad[7].

 

Así, que deben conocerse cada uno de sus aspectos para ver la amplitud del cambio en el país en este período, jamás registrado en nuestra historia nacional, como lo demuestra el respaldo que las diversas consultas de medición estadística señalan a marzo de 2008, el apoyo al presidente se ubica en un 84% de la población después de un período de cinco años y medio, fenómeno no registrado en un gobierno reelecto, al menos en América Latina.

 

CUÁLES FUERON LOS RESULTADOS DE ALVARO URIBE VELEZ COMO GOBERNADOR DE ANTIOQUIA

 

Álvaro Uribe Vélez, fue elegido Gobernador de Antioquia para el período 1995-1997. Allí puso en práctica el modelo de Estado Comunitario, cuya principal característica es la participación ciudadana en decisiones fundamentales del Estado como la generación de empleo, la educación, la transparencia en el manejo de los contratos públicos y la seguridad pública.

 

Durante su gestión, Álvaro Uribe Vélez redujo en 34% el tamaño de la burocracia y en 35% el número de vehículos oficiales. Creó 102.000 nuevos cupos escolares y capacitó a 40.000 personas en Negociación Pacífica de Conflictos. Un millón 200 mil pobres ingresaron al Régimen Subsidiado de Salud[8].


Durante la gobernación de Álvaro Uribe Vélez, Antioquia pavimentó 939 kilómetros de vías. Más del doble de lo que había pavimentado el departamento en toda su historia. Gracias a la colaboración transparente de la ciudadanía con las autoridades, los secuestros se redujeron en 60% y las vías que comunican a Antioquia con Bogotá fueron transitables[9].


Pero la vida política de Álvaro Uribe Vélez está llena de logros.
Álvaro Uribe Vélez, empezó su vida pública a temprana edad. En 1976 fue Jefe de Bienes de las Empresas Públicas de Medellín. De 1977 a 1978 fue Secretario General del Ministerio del Trabajo, y entre 1980 y 1982 fue director de la Aeronáutica Civil. Fue Alcalde de Medellín en 1982 y concejal de esa ciudad entre 1984 y 1986.Fue Senador de la República en los períodos 1986-1990 y 1990-1994. Gracias a su desempeño obtuvo las distinciones de Senador Estrella, Senador de Mejores Iniciativas y Mejor Senador.

 

De tal manera que su candidatura en el 2002 representa una opción distinta a la de los partidos políticos tradicionales, fue una disidencia del partido liberal, y de los vicios y prácticas que habían llevado a Colombia a un estado de incredulidad y resistencia al ejercicio de la política.

LA SITUACION DE CONFLICTO Y LA AUSENCIA DE VOLUNTAD POLÍTICA PARA RESOLVERLO

Hasta el 2002, la realidad del conflicto no había sido apreciada por los diferentes gobiernos en su real dimensión; los intentos de aproximación al diálogo durante los gobiernos de Belisario Betancur, Ernesto Samper y Andrés Pastrana, fueron apreciados como signos de debilidad estatal y como oportunidad de las organizaciones armadas ilegales para su fortalecimiento.

La acción subversiva había sido advertida desde sus comienzos por las Fuerzas Militares colombianas[10], en teoría se dice que cuando se identifica la etapa de acción subversiva de una organización armada que se enfrenta al Estado y, se presentan las primeras acciones guerrilleras dirigidas hacia el objetivo final de la toma de poder, etapa que debe terminar con la liberación de la primera zona bajo su control y dominio, es necesario enfrentar esta situación con una estrategia de carácter nacional.  En ese contexto la guerrilla se muestra como el arma visible del movimiento subversivo, de alcance estratégico; pero la verdadera acción subversiva corresponde, por definición, al enfrentamiento nacido de la aplicación de la filosofía marxista de la guerra.

 

Los aspectos de la fuerza – no material que entran en el ámbito de la subversión -, se llevan a cabo por medios políticos intermedios entre la paz y la guerra, alteración del orden social, presiones económicas y sociales, lucha política (que involucra la penetración de organismos legales como las acciones comunales, los sindicatos, las asociaciones y gremios ciudadanos, etc.).  Si toda la finalidad del ofensor ha tendido siempre, en la guerra clásica, a colocarse detrás del adversario por la ruptura y el envolvimiento, ahora se trata, por medio de la subversión, de penetrar también en la retaguardia, pero no en la retaguardia militar, sino en la nacional, entendiendo según Vorichilov, como el “todo que constituye la vida de un país, el territorio, la economía, la estructura social y política”.  Se trata de atacar todo lo que la doctrina soviética calificaba de “reservas potenciales revolucionarias indirectas”, en procura de provocar el levantamiento general contra el Estado. 

 

Para ello se crean problemas políticos y sociales, se agrandan y se explotan los numerosos problemas de la vida diaria de los Estados, cualquiera que sea su naturaleza[11].

 

De ahí, que uno de los principios políticos de la izquierda ha sido el intervenir en los eventos electorales, no para proponer y presentar soluciones a los problemas sociales, económicos y políticos, sino “para profundizar la crisis del sistema capitalista” y permitir que se de ese levantamiento general que permita la toma del poder y la instauración de la dictadura del proletariado[12].

 

Si el Partido Comunista Colombiano (y sus posteriores divisiones), anunciaron en 1950, que adoptaban “la combinación de todas las formas de lucha” para obtener sus fines –la instauración de la dictadura del proletariado-, estaba decidiendo adoptar la subversión como el método principal de lucha, ya que esta permitía explotar los movimientos insurgentes que se presentaban en Colombia (las guerrillas liberales), como país en vías de desarrollo, al abanderar las causas de una población empobrecida, con graves desajustes sociales, políticos y económicos, método, que incluye dentro del concepto marxista el empleo de la guerra ideológica, la guerra de inteligencia, la guerra psicológica, la guerra de guerrillas, la guerra de organizaciones, la guerra de masas e incluso la guerra jurídica que libra contra el Estado desde finales del siglo pasado, como formas extralegales de la acción subversiva que en la teoría de la China nacionalista se calificó como “guerra política[13]

 

Lo observado a lo largo del conflicto colombiano desde mediados del siglo pasado, se enmarca dentro de la aplicación tardía de las diferentes estrategias de acción contra la subversión, pero sin que se fijara una estrategia integral del Estado, lo que impedía resultados y permitía el crecimiento y fortalecimiento de las organizaciones subversivas[14].

LA POLITICA DE DEFENSA Y SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

 

Sin embargo, hay un hecho de trascendental importancia, propuso como no se había hecho en ningún anterior, una estrategia de Estado para combatir a las organizaciones armadas ilegales, que combina la intervención integral de ese Estado y de los ciudadanos que lo conforman.

 

No es una simple estrategia fundamentada en el poder militar, sino que contempla los elementos del Estado comunitario como mecanismo para restablecer el orden y la ley como pilares del desarrollo social, económico y político, con el concurso de todos los estamentos, clases y sectores que inciden en el devenir nacional.

 

Debe recordarse que el comunitarismo supera la visión dualista privado vs público y reconoce la necesaria concurrencia de estos dos sectores, con sus respectivas lógicas económicas y formas jurídicas en la gestión del bien común. Reconoce además de manera explícita, como otro protagonista en la gestión del bien común, a esas formas de emprendimiento solidario propias del tercer sector, de la economía social y solidaria, representadas en Colombia por cooperativas, fondos de empelados, voluntariados, acciones comunales, cajas de compensación, fundaciones y corporaciones sin ánimo de lucro y asociaciones mutuales que para el caso particular de Colombia empiezan a reclamar la construcción de un derecho solidario. En la perspectiva comunitarista, el mercado, el estado y los emprendimientos solidarios han de contribuir en la generación de riqueza económica, en su justa distribución y en el desarrollo de capital social de toda comunidad[15].

 

El comunitarismo afirma la necesidad de entender la democracia no sólo como un procedimiento sino también como la construcción cotidiana de actitudes y hábitos que permitan hacer trámite creativo de la diversidad, de la complejidad de intereses y conflictos que transitan por la trama social de las comunidades contemporáneas[16].

 

Como afirmó Norberto Bobbio, la democracia contemporánea necesita precisar no sólo cuantos apelan a ella por las vías procedimentales del voto, sino también necesita ampliar los espacios en donde ella se realizan; razón por la cual, la dimensión participativa de la democracia también concita el interés del comunitarismo para llevar sus manifestaciones actitudinales, culturales y procedimentales a la escuela, al barrio y a la empresa, entre otras instancias de desarrollo social y político.

 

Por eso, la Política de Defensa y Seguridad Democrática surge a partir de las comunidades como elementos sustancias del entramado regional y nacional; el Presidente debe gobernar desde las necesidades de esas comunidades para transformarlas en problema de Estado y darles solución de Estado en el ejercicio de su función ejecutiva.  Es la praxis de muchas teorías socialistas que se quedaron en el simple enunciado pero no en el ejercicio cotidiano de la política.

 

El Presidente Uribe Vélez señaló desde su candidatura para el período 2002-2006, que recuperar el orden y la seguridad -requisito cardinal para la vigencia real de las libertades y los derechos humanos- es preocupación central de este Gobierno. La Seguridad Democrática es lo que se requiere para garantizar la protección de los ciudadanos. Que el Estado proteja a todos por igual y sin distinción, para que todos los colombianos puedan disfrutar de sus derechos.

 

Es necesario entonces recordar que durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), se habían entregado sin condiciones y sin control real del Estado, 42.000km2 del territorio nacional a las Farc-ONT, en un intento por allanar la paz, sin embargo las Farc-ONT aprovecharon esa circunstancia para fortalecerse en número de hombres, en cantidad y calidad de poder de fuego, consolidaron la conquista del negocio del narcotráfico en el sur-occidente y sur-oriente, incrementaron el número de secuestrados políticos, militares y económicos[17], y se hablaba de la capacidad de esta organización para pasar a la II Fase de la denominada Guerra Popular Prolongada, esto es a la guerra de posiciones.

 

Debe recordarse que en febrero de 2002, cuando se dio por terminada la llamada zona de despeje del Caguán, Jorge Briceño Suárez (alias “Mono Jojoy”), anunciaba que las Farc-ONT salían del monte, donde sólo quedarían pavas y paujiles, para irse a la conquista de las ciudades; entonces se hablaba que ya Bogotá se encontraba cercada por los frentes de esa organización que operaban en Cundinamarca, Meta y Tolima, e incluso avezados analistas daban por hecho la pérdida de control político, militar y territorial del Estado legítimo.

 

Tales hechos no sólo impedían el libre tránsito de los colombianos por el territorio nacional, habían condenado a la postración la industria agropecuaria por el abandono de las fincas y haciendas, impedían el tránsito de mercancías a lo largo y ancho del país; las Farc-ONT realizaban atentados sistemáticos contra el sector energético (eléctrico, petróleo y gas), obligando a la pérdida de incontables horas/producción, no sólo los inversionistas nacionales y extranjeros evitaban traer sus dineros a la producción colombiana, sino que muchos se fueron del país.

 

En algunas regiones realmente el Estado había sido reemplazado por las autodefensas ilegales o las demás organizaciones armadas ilegales como Farc-ONT o Eln-ONT.  Las organizaciones armadas ilegales controlaban la administración pública en las áreas donde influían, los dineros para la inversión social eran dispuestos por ellos para sus protervos fines, la sensación, el sentimiento de inseguridad y de pérdida de fe en las instituciones era un hecho palpable en todas las esferas sociales, desde el más pobre campesino hasta el más encumbrado industrial habían perdido la fe y la esperanza en el país, se hablaba incluso por parte de analistas internacionales de un Estado inviable que pronto se fraccionaría en regiones gobernadas por las organizaciones armadas ilegales y por los narcotraficantes.

 

El Presidente Uribe Vélez se presenta entonces con una propuesta que hacer ver como la antípoda de la política democrática es el terrorismo, que pretende imponer por la violencia su voluntad sobre los otros, al costo de la vida de miles de civiles. Es lo que vio en los atentados del club El Nogal en Bogotá y de Neiva. Es lo que habíamos visto en Fortul, Arauca, donde terroristas engañaron a un niño con una bicicleta bomba que luego activaron, acabando con su vida. Frente al terrorismo sólo podía haber una respuesta: derrotarlo.

 

Quienes persistan en el uso de esta práctica criminal, señaló el Presidente soportarán todo el peso de la ley. Los colombianos no podían ceder ante esa amenaza. Para iniciar el camino del progreso, del desarrollo y la justicia social era necesario primero derrotar las organizaciones armadas ilegales con la colaboración de toda la ciudadanía. El concepto clave aquí es la solidaridad: Solidaridad entre los ciudadanos y solidaridad con la Fuerza Pública.

 

Este principio, esencial en el texto de nuestra Constitución, es fundamental para la convivencia, para la creciente consolidación en la integración profunda del pueblo  colombiano. La masiva respuesta de la población a la cooperación dentro del marco institucional ha demostrado la determinación del pueblo colombiano de acabar con el terrorismo.

 

La Seguridad Democrática, planteada por el Presidente Uribe Vélez,  se diferencia de las concepciones de seguridad profesadas por regímenes autoritarios, partidarios de la hegemonía ideológica y la exclusión política. Este Gobierno no hace suyas concepciones de otras épocas como la “Seguridad Nacional” en América Latina, que partía de considerar a un grupo ideológico o partido político como “enemigo interno”. Nosotros predicamos que todos son bienvenidos en la democracia. La oposición, los que disientan de las ideas del Gobierno o de su partido, serán protegidos con el mismo cuidado que los amigos o partidarios del Gobierno, siempre que esa oposición se ejerza dentro del ámbito legal y civilizado.

 

No hay contradicción entre seguridad y democracia. Por el contrario, la seguridad garantiza el espacio de discrepancia, que es el oxígeno de toda democracia, para que disentir no signifique exponer la seguridad personal. Pero hay que trazar una línea nítida entre el derecho a disentir y la conducta criminal. Sólo cuando el Estado castiga implacablemente el crimen y combate la impunidad hay plenas garantías para ejercer la oposición y la crítica.

 

Pero esa Política de Defensa y Seguridad Democrática no está concebida solamente para el uso de la fuerza legítima del Estado a fin de someter a quienes se encuentran por fuera de la ley, es generosa y amplia, contempla en toda su extensión la posibilidad de negociar y encontrar conjuntamente con las organizaciones armadas al margen de la ley salidas políticas al conflicto que data desde 1964, cuando se constituyeron las Farc-ONT.

 

Tiene tanta generosidad para albergar a los que desistan de la vía violenta, como firmeza para derrotar el terrorismo. Así como no se claudica para derrotar al último de los terroristas, los que quieran hacer la paz con el Estado colombiano tienen la oportunidad de hacerla rápidamente, acogiéndose a la política de desmovilización.

 

Por eso hace un llamado especial a los jóvenes campesinos, a los jóvenes de los sectores urbanos que han sido engañados o forzados a hacer parte de los grupos violentos a que abandonen las armas. Tiene toda la disposición de acoger a todos aquellos que renuncien a la violencia, a darles todas las garantías de seguridad y las oportunidades de educación para que se reintegren a la sociedad. Llama a quienes manteniendo pudor político crean que aún tienen ideas para defender, que rechacen la vía de la violencia y vengan a desmovilizarse o a hacer un acuerdo de paz con el Gobierno. Cuentan con la seguridad de todas las garantías para ejercer la política que merece el disidente en la democracia.

 

LEY DE JUSTICIA Y PAZ

 

En aplicación de los principios de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, es promulgada el 25 de julio de 2005 la Ley 975 de 2005, mejor conocida como Ley de Justicia y Paz, cuyos objeto es facilitar los procesos de paz y la reincorporación individual o colectiva a la vida civil de miembros de grupos armados al margen de la ley, garantizando los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.

 

Entendiéndose  por grupo armado organizado al margen de la ley, el grupo de guerrilla o de autodefensas, o una parte significativa e integral de los mismos como bloques, frentes u otras modalidades de esas mismas organizaciones, de las que trate la Ley 782 de 2002.

 

Es una falacia entonces, considerar como lo hacen algunos críticos del gobierno, que la norma está dirigida únicamente a quienes hicieron parte de las autodefensas ilegales; tales críticas infundadas han impedido un análisis imparcial de la ley y una comprensión de su alcance, tanto para la sociedad, como para las víctimas y victimarios.

 

Véase como la norma señala de manera explícita y clara que la interpretación y aplicación de las disposiciones previstas en esta ley deberán realizarse de conformidad con las normas constitucionales y los tratados internacionales ratificados por Colombia.

 

La incorporación de algunas disposiciones internacionales en la presente ley, no debe entenderse como la negación de otras normas internacionales que regulan esta misma materia, de manera que no es cierto que los protagonistas ilegales de la violencia en Colombia sean cobijados por algún manto de impunidad frente a la normativa internacional que persigue delitos de lesa humanidad no sancionados en los países de origen.

 

La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de la ONU para los DD.HH. cuestiona que ésta no logra reunir los elementos esenciales aconsejables para establecer una justicia transicional que, en aras de ser un instrumento de paz sostenible, prevea incentivos y ofrezca beneficios para que los grupos armados ilegales se desmovilicen y cesen sus hostilidades, a la vez que garantice adecuadamente los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación[18].

 

De tal manera, que los cuestionamientos son de forma, no de fondo, en tanto dan lugar a una extensa, y a veces estéril discusión, sobre las bondades de la justicia transicional[19] o de la necesidad de la justicia restaurativa, es decir, lo cuestionado es el método, no los resultados.

 

La tarea no es de poca monta, se trata de buscar a más de diez mil desaparecidos. De juzgar a 2.914 personas con responsabilidades de mando en las autodefensas (59 de las cuales están en la cárcel de Itagüí, y de las demás se sabe poco). De garantizar el acceso a la justicia, a la protección y a la reparación de 70.000 víctimas, que se han acercado a la Fiscalía[20]. De expropiar todos los bienes adquiridos mediante la violencia en estos últimos 17 años.  Las víctimas anteriores a 1991 se quedarán esperando alguna resolución sobre sus derechos, en tanto los victimarios de entonces fueron cobijados por una amnistía y un indulto que dejó en la impunidad los crímenes cometidos.

 

De tal manera que los resultados obtenidos hasta la fecha son superiores a cualesquiera otro intento de resolver el problema del conflicto colombiano, salvo aquellos que fueron resueltos mediante el perdón y el olvido para los actores de la violencia, pero que ahora se reviven única y exclusivamente contra los funcionarios del Estado obligados por la Constitución y la Ley de reprimirlos.

 

Este Gobierno encontró cerca de 50 mil terroristas. Este Gobierno encontró la Patria dividida entre zonas guerrilleras y zonas paramilitares. Se ha recuperado bastante la institucionalidad. Se sigue en esa tarea. Tanto la política de orden público como la política de paz, se han orientado de manera igual para paramilitares y guerrilleros.  Este Gobierno todos los días exhibe las cifras. Alrededor de 12 mil paramilitares han sido llevados a la cárcel. Más de 1.200 paramilitares han sido dados de baja.

 

El mundo debería preguntarse: ¿en qué momento Colombia se llenó de guerrilla, en qué momento se llenó de paramilitares y qué ha hecho el presente Gobierno frente a eso? Porque es que no se puede hacer un corte brusco de la historia. Este gobierno recibió un problema mayúsculo. Lo ha enfrentado sin antecedentes en materia de resultados.

 

Cuando se recibió esta Presidencia de la República, Colombia tenía alrededor de 29 mil asesinatos por año. A mitad del año 2007 apenas se registraban en alrededor de 8 mil. Quisiéramos ir en cero. Pero cuánto hemos disminuido: venir de 29 mil por año y en ese semestre ser alrededor de 8 mil.

 

Cuando empezó este Gobierno, Colombia tenía alrededor de 3 mil secuestros por año. El mismo período se había terminado con alrededor de 320-340 secuestros. Quisiéramos ir en cero. Pero bastante ha mejorado la situación. Y nuestro objetivo es avanzar para que Colombia restablezca totalmente el orden público.

 

El tema de la Ley y la droga. Todos estos grupos, guerrilleros y paramilitares, están vinculados a la droga. Qué difícil hacer proceso de paz cuando hay droga de por medio. ¿Qué se hizo de cara al país, de cara al mundo? Primero, se repitió que el delito político no puede tener conexidad con el delito de narcotráfico. Eso fue un debate injusto que se hizo, una desinformación. Porque desde el momento en que Colombia se convirtió en país signatario de la Convención de Viena, adquirió la obligación de no permitir la conexidad según la cual al delito de narcotráfico se le podría dar una explicación de intencionalidad política. Eso se había eliminado.

 

La pregunta es: ¿qué se hace para lograr la paz con grupos paramilitares o guerrilleros que han estado vinculados con el narcotráfico? Qué equilibro tan difícil. ¿Qué ha hecho la Ley? La Ley ha dicho: si el objeto principal del grupo no es ser grupo paramilitar ni guerrillero sino ser narcotraficante, no tiene beneficios de ley.

 

Además esta ley no permite el indulto ni la amnistía para los delitos atroces. Delito atroz cometido por paramilitares o por guerrilleros, no se puede amnistiar, no se puede indultar.

 

En 1991 el M-19, ADO, EPL y otras organizaciones terroristas fueron indultados. Entonces pareció que era un proceso conveniente para el país. Pero finalmente, ¿qué se hizo? Finalmente, en aras de la paz, por la ilusión que Colombia tenía de paz con el M-19 y las otras organizaciones, no hubo reparos, no hubo críticas y finalmente muchos que cometieron delitos atroces pasaron de ser autores de delitos atroces a ser senadores o representantes a la Cámara o integrantes de la Asamblea Constitucional. Era otra época. Y todos los sectores políticos del país estuvieron de acuerdo con ese proceso.

 

La diferencia hoy es que en el proceso que está en marcha no hay indulto ni hay amnistía para delitos atroces.  Y lo que se propone a la reflexión de la comunidad colombiana y de la comunidad internacional es lo siguiente: el día que los señores de las Farc, que los señores del ELN digan que se van a desmovilizar, ¿cuál ley se les va a aplicar?

 

Es muy importante que los críticos de esta ley estén preparados para dar una respuesta cuando las Farc digan: nos desmovilizamos, pero como no hemos reconocido al Estado colombiano, no aceptamos que nos juzguen por delitos atroces. Exigimos que nos den un tratamiento de amnistía total, de indulto total. Y exigimos que no haya extradición. Y exigimos ir al Congreso de la República.

 

¿Estarán los críticos del gobierno dispuestos a acatar una imposición de esas por parte de quienes más han cometido delitos de lesa humanidad a lo largo del conflicto y desde 1964?  ¿Se oirán las mismas críticas y sandeces sobre un proceso de ese talante que las que hoy se escuchan con relación a la Ley de Justicia y Paz y los procesos seguidos a los paramilitares?

 

Precisamente por eso las Farc-ONT y el Eln-ONT están resistiendo la posibilidad de negociar, aún cuando militarmente se encuentra ad portas de la derrota.  Su intención es clara, separar sus procesos de los actuales para imponer otras condiciones.


[1] SARMIENTO NARVÁEZ, Alfredo. DANSOCIAL. Comunitarismo y solidaridad: Fundamentos del Estado Comunitario. Bogotá, D.C. Agosto de 2006. Disponible en: http://www.dansocial.gov.co/admin/files/Ane-Noticia_382006164510.pdf

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] PARODY, Gina. Se consolidará el Estado comunitario. Semana.com. 2007. Disponible en: http://www.ginaparody.com/prensa/columnas/consolidara_estcomuni.htm

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Colombia.com. Especial elecciones 2002. Perfiles.  Disponible en: http://www.colombia.com/especiales/elecciones_2002/perfiles/uribe/index.asp

[9] Ibíd.

[10] PLAN LASO. Sin embargo el gobierno de Guillermo León Valencia no atendió la gravedad de la situación planteada y la necesidad de adoptar una estrategia integral de acción directa contra el enemigo.  Por el contrario, consideró las advertencias militares como una indebida participación en política y llamó a calificar servicios a los Oficiales que lo plantearon.

[11] Diccionario Enciclopédico de la Guerra. Vol. 13. Madrid. Editorial Gesta, 1958. Pág. 70.

[12] MARX, Carlos. “La tarea fundamental, común a todos los movimientos nacional revolucionarios, consiste en realizar la unidad nacional y la autonomía política. La solución real y lógica de esta tarea depende de la importancia de las masas trabajadoras, que tal o cual movimiento nacional sepa arrastrar en su camino, después de haber roto todas las relaciones con los elementos feudales y reaccionarios y llevando en su programa las reivindicaciones sociales de esas masas. // Dándose cuenta muy bien de que en las diversas condiciones históricas los elementos más variados pueden ser los representantes de la autonomía política, la Internacional Comunista sostiene todo movimiento nacional-revolucionario dirigido contra el imperialismo. Sin embargo, la Internacional Comunista no pierde de vista al mismo tiempo que, solamente, una línea revolucionaria consecuente basada en la participación de las grandes masas en la lucha activa y en la ruptura sin reservas con todos los partidos de la colaboración con el imperialismo puede llevar a las masas oprimidas a la victoria. El lazo que existe entre la burguesía indígena y los elementos feudal-reaccionarios permite a los imperialistas aprovechar muy bien la anarquía feudal, la rivalidad que reina entre los diversos clanes y tribus, el antagonismo entre la ciudad y el campo, las luchas entre castas y sectas nacionales-religiosas

 

[13] WANG, Shen. Teoría y práctica de la guerra política.

[14] En 1973 el Ejército Nacional, en la Operación Anorí, había acorralado y diezmado al ELN, pero el Presidente López Michelsen decidió suspender dicha Operación, lo que permitió la retirada del reducto guerrillero y su posterior reorganización, los efectos de esta errada decisión aún los sufre el pueblo colombiano.

[15] SARMIENTO NARVAEZ. Ob.cit.

[16] Ibíd.

[17] El plénum del Secretariado de las Farc-ONT ya había señalado desde 1997 la necesidad de contar con el mayor número de secuestrados políticos y militares para presionar al Estado y a la comunidad internacional el reconocimiento de estado de beligerancia.

[18] ONU. OFICINA DEL ALTO COMISIONADO DE LA ONU PARA LOS DD.HH. Consideraciones sobre la Ley de Justicia y Paz. Bogotá, D.C. 27 de junio de 2005.  Disponible en: http://www.hchr.org.co/publico/comunicados/2005/cp0535.pdf

[19] UPRIMMY, Rodrigo y SAFFON, María Paula. Justicia transicional y justicia restaurativa: tensiones y complementariedades. ¿Conviene o no utilizar el esquema de la justicia restaurativa como paradigma dominante para enfocar los problemas planteados por la justicia transicional en Colombia? Este interrogante es relevante ya que muchos defienden la idea de que los procesos transicionales en curso deben fundarse en la justicia restaurativa. Para resolver esta cuestión, el texto enuncia los orígenes conceptuales y el significado de las categorías “justicia transicional” y “justicia restaurativa”. Luego estudia varias complementariedades entre una forma de justicia y otra, pero igualmente analiza las importantes tensiones que existen entre ellas. Ello muestra que hay grandes límites para que el enfoque restaurativo sea el paradigma de justicia dominante en contextos transicionales. El documento concluye que los procesos de justicia transicional, en especial aquéllos que hayan de tener lugar en Colombia, deben contener dosis inevitables de castigo para los responsables de graves violaciones de derechos humanos y, por ende, sólo deben contemplar la posibilidad de perdones cuando éstos sean proporcionados y “responsabilizantes”. Texto completo en: http://www.idrc.ca/en/ev-84576-201-1-DO_TOPIC.html

[20] VALENCIA, León. ¿Fracasó la ley de justicia y paz? Columnistas de El Tiempo. Eltiempo.com.

LOS INTELECTUALES DE LAS FARC

marzo 7, 2009

No siempre el tener una formación académica es suficiente para catalogar a alguien como intelectual, basta con mirar la definición del término para entender el por qué: Intelectual es definido en el DRAE como lo perteneciente o relativo al entendimiento; lo espiritual e incorporal; y define a quien se dedica preferentemente al cultivo de las ciencias y letras, y es un hecho notorio que en ninguna de esas definiciones cabe la acción criminal de Guillermo León Sáenz Vargas, alias Alfonso Cano, o de los alias Iván Márquez, Joaquín Gómez o Jesús Santrich.

Una cosa diferente es que ese grupo de cabecillas de las Farc sean considerados ideólogos del marxismo leninismo y manejen el discurso político para tratar de explicar su accionar criminal, pero tener la capacidad para ordenar actos terroristas, secuestros, extorsiones, asesinato de civiles inermes, minado de campos y otros delitos considerados crímenes de guerra no es precisamente un acto de cultivo de las ciencias o las letras.

Hay que desmitificar a estos delincuentes y hablar claramente sobre su verdadera profesión, el de justificadores ideológicos de la violencia terrorista. Ninguno de ellos, a partir de consideraciones filosóficas o ideológicas, ha dudado en ejercer el terror como mecanismo de lucha política.

El mismo Lenin calificaba el terrorismo como una enfermedad infantil. El terrorismo es el uso criminal e indiscriminado de la fuerza, para intimidar a un grupo más amplio que el círculo de las víctimas inmediatas o naturales, con miras a lograr objetivos realistas o imaginarios. El terrorismo envuelve la idea, por una parte, de golpear por sorpresa y sin miramiento, lo que se estima un objetivo político–militar; y por otra parte, la idea de aterrorizar al adversario, de provocar miedo, inseguridad, entendiendo por adversario incluso a la sociedad misma.

 

La sociedad tolera usualmente el terrorismo sólo mientras no pasa e ser una molestia” (W. Laqueur). Esta sentencia lastimosamente ha tenido plena realización en Colombia; la sociedad toleró por más de 40 años la llamada combinación de las formas de lucha y permitió que el monstruo creciera hasta el punto que llegó a amenazar la existencia misma del Estado, y aún hoy algunos sectores políticos de manera ingenua o perversa creen en la existencia de un “bloque intelectual” o de un sector político en la narcoguerrilla, cuando las acciones y los hechos que realizan son una expresión terrorista descarnada cuyo único objetivo es atemorizar a la sociedad para alcanzar sus protervos objetivos, la que Enrique Neira Fernández describe como actual metodología terrorista de “propaganda con sangre y extorsión”.

Dice Heyward Isham: “Puede parecer cruel, pero el minuto en que los terroristas piensan que pueden chantajearlo a usted lleva una cadena sin fin de exigencias”. Lo que Walter Laqueur corrobora: “Cuanto más peligroso es su contrincante, tanto mayor el peligro de ceder”. Los gobiernos democráticos, cuando las vidas de los rehenes o secuestrados están en peligro, quedan sometidos a una muy intensa e intolerable presión[1].

Pero aun entonces, los expertos israelíes aconsejan que “bajo ninguna circunstancia un gobierno debe descartar categóricamente una respuesta militar simplemente por el riesgo de bajas civiles…Debe tratar de minimizarlas. Pero no puede garantizar inmunidad al agresor terrorista simplemente porque su eventual respuesta pueda poner en peligro a los civiles…Los terroristas generalmente tienen miedo a una intervención militar, y ese miedo tiene un tremendo efecto inhibitorio para aplicar violencia sobre los rehenes…La única política aconsejable a un gobierno chantajeado así es el rechazo a ceder y la presteza para aplicar la fuerza. Política que consiste en decir al terrorista:’ no aceptaré sus exigencias; le exijo que suelte a los secuestrados; y si no lo hace pacíficamente, estoy preparado para usar la fuerza’…El terrorismo no enfrentado con vigor, inevitablemente crece…”[2].

El terrorismo que sustituye la lucha política (legal o no) por el atentado sanguinario, el secuestro cobarde y vil o el asesinato indiscriminado, hace dudar seriamente de la autenticidad de los intereses políticos e ideológicos que el grupo terrorista dice defender.

Lenin, en “EL MARXISMO Y LA INSURRECCION” recalca que la insurrección no puede apoyarse en simples acciones terroristas, sino que debe cabalgar sobre el ascenso revolucionario del pueblo. Y debe darse en el momento oportuno y favorable de “viraje de la historia”. No antes ni después. Y el momento de viraje de la historia es el momento favorable a la revolución, el momento crítico en la historia de un país, “cuando los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”.

Y a este factor objetivo, que suele ser una crisis nacional general, debe añadirse el factor subjetivo, la capacidad de una clase revolucionaria para llevar a cabo acciones revolucionarias de masas bastante fuertes. Para Lenin, la insurrección armada es un arte; algo serio, responsable, creativo. No puede reducirse a un aventurismo ni a un “putchismo” ni a un accionar terrorista. Su condición “sine qua non” es “acercarse a las masas”. Hay que conquistar las masas y no alejarlas, como condición previa para la conquista del poder. Para la auténtica estrategia marxista–leninista, las acciones terroristas, desvinculadas de un verdadero ascenso revolucionario de las masas, son sólo gestos desesperados, estertores de quienes no creen en la revolución. No pasan de ser sino simples fuegos fatuos de publicidad sangrienta, simples crispaciones armadas de no– revolucionarios. “El terrorismo de grupos pequeño–burgueses anarquistas, es el resultado así como el síntoma y el compañero de la falta de fe en la insurrección, de la falta de condiciones para la revolución “(Clara Setkin)[3].

Visto lo anterior, debe concluirse a fuerza que el grupo de intelectuales de las Farc ni siquiera cultiva ahora las tesis leninistas de la guerra revolucionaria, pues se han apartado por completo de esos postulados en su peor crisis, dedicarse al terrorismo como gesto desesperado, como estertor de quien no cree en la revolución.

En el estado actual de la presión política, nacional e internacional, sobre el gobierno colombiano, debe recordarse que lo difícil para un régimen democrático es cómo defenderse contra estos grupos o movimientos que utilizan medios y tácticas antidemocráticas.. Ya lo advertía el profesor Ferracutti de Roma: “Los terroristas toman ventaja de todas las libertades legales y saben que estas libertades no pueden ser suprimidas selectivamente”. Las sociedades democráticas prácticamente no imponen restricciones a hablar, a moverse, a comunicarse, y muy pocos límites al derecho de reunión y de manifestación. Los israelíes, que tienen una larga y amarga experiencia en defenderse de los terroristas, previenen, con razón, que ceder a sus peticiones es la peor respuesta de todas[4].

De tal manera que es urgente crear grupos de estudio que puedan presentar propuestas viables, dentro del respeto a los DD.HH y D.I.H. para contener la arremetida política y la violencia terrorista con las armas que brinda la Constitución para la defensa de las instituciones democráticas.

El enemigo cobra ventaja cuando sabe hacer práctica esa combinación de las formas de lucha, pero el Estado de una manera incomprensible sigue descargando el peso de la lucha en el Ejército, mientras sus componentes proponen políticas para épocas que no corresponden a la realidad fáctica de la nación. Si los poderes del Estado no son copartícipes en la lucha contra el terrorismo, se le está dando ventaja a ese enemigo que si lo hace mediante la infiltración en los estamentos estatales para la consecución de sus fines.


[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

Hello world!

marzo 7, 2009

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